El 12 de octubre es un día de reflexión histórica y diálogo intercultural acerca de los derechos de los pueblos originarios.
Es la fecha en la que durante muchos años se «celebró» el arribo de los «conquistadores» europeos al continente americano.
Esta mirada de la historia —y en particular de la efeméride— se ha ido transformado y permitió asignar otros sentidos al recuerdo de lo ocurrido.
Se trata entonces de comprender que no es un día de celebración, sino de conmemoración y recuerdo, en el que es necesario promover la reflexión histórica y el diálogo intercultural acerca de los derechos de los pueblos indígenas.
En esta fecha, pero de 1492, Cristóbal Colón, marino genovés al frente de una expedición enviada por la corona española, desembarcó en las Antillas iniciando así un largo proceso de dominación y colonización en el actual territorio americano.
Para recordar este hecho en nuestro país, en 1917 se estableció el 12 de octubre como el Día de la Raza porque ese era el nombre que recibía en España la celebración del “descubrimiento del Nuevo Mundo” y el “contacto” con sociedades, culturas y religiones hasta ese momento desconocidas para ellos.
Ya desde la segunda mitad del siglo XX el concepto de raza empieza a ser cuestionado internacionalmente, porque todos los humanos pertenecemos a la misma especie, por lo que resulta ofensivo y discriminatorio utilizar el concepto de raza.
Recién en 2010, en Argentina, se cambió el nombre Día de la Raza por Día del Respeto a la Diversidad Cultural, mediante el Decreto 1584/10.
De este modo, se otorgó a la conmemoración del 12 de octubre un significado acorde al valor establecido en la Constitución nacional para la diversidad étnica y cultural. Y desde entonces se trata de un día para reflexionar acerca de esta diversidad, especialmente de los pueblos indígenas que habitan nuestro territorio y de sus luchas por preservar sus culturas y lenguas.
Desde otra perspectiva, es posible pensar la conmemoración del Día del Respeto a la Diversidad Cultural como parte de un trabajo colectivo para reunir la memoria con la justicia.
Se trata de desandar la historia por la cual el protagonismo de los pueblos indígenas y sus múltiples creaciones culturales resultaron sistemáticamente invisibilizados a lo largo de siglos, en el marco de una política que tuvo entre sus principales objetivos subalternizar, incluso aniquilar, a estos pueblos.
La llegada de los europeos a América a fines del siglo XV produjo estragos en la historia de los pueblos nativos: su brutal disminución demográfica en este período es uno de los índices contundentes de un sistema de dominación que provocó muertes masivas.
Primero como consecuencia de las disputas por la ocupación del territorio y mediante la implantación de regímenes de explotación de la población. Luego, las enfermedades transmitidas por europeos (viruela, sarampión, gripe, entre otras) también elevaron el número de muertes de la población indígena.
A lo largo de esta historia, los pueblos indígenas resistieron de distintos modos este sistema de dominación política, económica, social y cultural.
Un ejemplo, entre otros tantos, es el caso de la larga lucha del pueblo diaguita, que se extendió por más de un siglo (1531-1665).
En ocasiones, estas resistencias asumieron la forma de sublevaciones y rebeliones, algunas de las cuales pueden pensarse como antecedentes de las luchas por la independencia de los países americanos. Tal es el caso de la sublevación liderada por Tupac Amaru entre 1780 y 1781 y la rebelión que tuvo como protagonista a Bartolina Sisa.
¿Quién fue Bartolina Sisa?
Bartolina Sisa, de origen aimara, nació el 25 de agosto de 1750 en el departamento de La Paz. Se casó con Túpac Katari en 1775 y fueron nombrados, respectivamente, virreina y virrey del pueblo inca.
Como tales, organizaron una rebelión indígena que consiguió sitiar la ciudad de La Paz entre marzo y noviembre de 1781.
Sisa tuvo un rol activo y decisivo en la organización de decenas de miles de campesinas y campesinos indígenas que reclamaban el fin del sistema de explotación colonial y la recuperación de las tierras que les habían sido expropiadas.
Así, luego de más cien días al frente de las luchas indígenas, Sisa fue capturada y torturada por el brigadier Sebastián Segurola. En noviembre de 1781, su marido Túpac Katari también fue capturado e inmediatamente descuartizado (Sisa fue obligada a presenciar ese crimen llevado a cabo en una plaza pública).
Como si fuera parte de la pena prolongar el suplicio, Sisa también fue víctima de una humillación y ejecución en la plaza pública varios meses después, el 5 septiembre de 1782.
Hoy Bartolina Sisa es una referencia para las mujeres latinoamericanas y en su memoria se conmemora el día de su muerte como el Día Internacional de la Mujer Indígena.
